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	<title>escribir &#8211; Arte Gráfico, Ilustración y Diseño</title>
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		<title>Polvo de Espejo : II parte</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Feb 2024 11:24:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Por Josefinailu Retiró con sus manos la maleza que había crecido. Esto le hizo pensar en Bruno, el jardinero que meses atrás dejó de cuidarle &#8230; ]]></description>
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<h2 class="wp-block-heading"><strong>Por Josefinailu</strong></h2>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Retiró con sus manos la maleza que había crecido. Esto le hizo pensar en Bruno, el jardinero que meses atrás dejó de cuidarle el jardín. Un hombre callado, tranquilo y de rostro tostado por las tantas horas de jornada bajo el sol, junto a sus plantas y flores. Bruno había sufrido un infarto mientras dormía. Ismael, cuando se enteró de la noticia, no pudo evitar pensar en que, al menos, tuvo una muerte dulce y tranquila, acorde a la vida que había llevado el bueno de Bruno.</p>



<p>Después de algunos arañazos en sus manos y de que retirara todas las malas hierbas que pudieran estorbarle la visión, se quedó estupefacto con lo que encontró. ¿Qué hacía un espejo en su jardín?</p>



<p>El reflejo de su cara en él no era normal. Se veía algo distorsionado y opaco. A saber, cuánto tiempo llevaba aquel objeto enterrado. Lógicamente se habría deformado y por supuesto, su lustro no era el mismo. Cuánto más lo observaba, más atraído se sentía por su propio reflejo. Acercó su mano a su cara, despacio. Justo en el momento de tocar su mejilla deslucida, su reflejo se fue disolviendo frente él. Una brisa soplaba dentro del espejo, llevándose las partículas de su rostro y parte de su cuerpo, convirtiéndolos en la nada. Ismael, miraba a su alrededor para comprobar que, lo que pasaba fuera no tenía nada que ver con lo reflejado. Y, en ese mismo instante, algo le llamó la atención en las vidrieras de su despacho. Una sombra.</p>



<p>Dejó el espejo dónde lo había encontrado, tirado ahora sobre todos los hierbajos retirados hacía tan solo unos minutos.</p>



<p>Se dirigió hacia su casa, tenía que comprobar qué era esa sombra extraña que se translucía a través de la vidriera colorista. ¿Había entrado alguien en su despacho mientras él estaba en el jardín? Notó como el pulso se le aceleraba y una sensación de angustia y confusión se iba apoderando de él, transformando todos sus gestos, antes relajados y lentos en movimientos rígidos y convulsos a medida que avanzaba todo lo rápido que le permitía su edad.</p>



<p>Cuando llegó justo a la altura de la vidriera, se subió en un muro que había servido durante años de asiento para algunas tardes de lectura y conversaciones amenas y algo transcendentales con Bruno. Intentaba no pensar en ellas, pero las echaba de menos.</p>



<p>Acercó sus manos y cara a los cristales de colores para poder ver en el interior.</p>



<p>Él, allí dormido, en el cómodo asiento que tantas horas había pasado estudiando planos, calculando alturas y anchuras, escribiendo cartas a gente importante, incluso… mirando la fotografía de Miriam, la mujer que durante tantísimos años había amado en secreto. ¿Dónde estaría ahora ella? Pero, ¿Dormido?</p>



<p>Ismael, en un impulso irracional dejó de mirar dentro y volvió al espejo. A pesar de tenerlo frente a él, sujetándolo fuerte y sintiendo el frío y la humedad del marco en sus manos, no podía ver nada más que el reflejo de un jardín vacío. A lo lejos, algo. Alargó su mano y ésta se coló en ese paisaje reflejado. Decidió meter entonces una pierna y después otra. Estaba dentro. Comenzó a caminar hacia aquello que veía a lo lejos. Alguien, una silueta que se iba acercando lentamente, muy despacio. Pero que, mientras más cerca la tenía, más borrosa la veía, lo contrario a lo que sería normal.</p>



<p>¡Bruno! Y en un momento, la felicidad que no sentía desde hacía muchos años, volvió a él plena, viva, luminosa.</p>
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		<title>Eléftheros en el país imaginario: II parte</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2021 18:36:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Tres Colores Eléftheros no podía creer la suerte que había tenido al encontrar un lugar como aquel. Allí dónde se posaban sus ojos descubría belleza; &#8230; ]]></description>
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<p class="has-text-align-center"></p>



<p class="has-text-align-center"><em>Tres Colores</em></p>



<p>Eléftheros no podía creer la suerte que había tenido al encontrar un lugar como aquel. Allí dónde se posaban sus ojos descubría belleza; en las formas casi redondeadas de las viviendas y en el edificio enorme que frente a él se levantaba y que intuía que se trataba seguramente de la Casa Consistorial. También en el mobiliario urbano, que curiosamente estaba acorde con las formas, tanto de rejas de ventanas y balcones, como de farolas y señales. Todo lo que parecía metálico tenía un aspecto moldeable, formando círculos y espirales u otras formas curvilíneas al azar. Lo que no vio por ninguna parte eran ángulos rectos ni cantos, como si el propósito de aquella arquitectura urbana fuera no hacerse daño y proteger de cualquier golpe al más pequeño de sus habitantes.</p>



<p>Eléftheros, decidió sentarse en uno de esos originales bancos para reposar después de su caminata matutina, lo que sería un segundo premio ya ganado de sobras. Después de sentarse, un leve suspiro salió de su boca al sentir como la parte lumbar de su espalda se relajaba. De su macuto sacó el último dulce que compró en su anterior destino, un rico bizcocho con un toque avainillado, recubierto de almendra y piñones. <em>«qué pena…»</em> pensó, <em>«con lo lejos que estoy ya de dónde lo compré y lo rico que está; bueno, disfrutaré de este último pedazo admirando esta maravilla de villa». </em>Mientras disfrutaba de su dulce iba observando el ajetreo de la gente que pasaba por la plaza. Fue entonces cuando reparó en que todos los habitantes que pasaban por allí parecían figurantes del lugar: todos con los mismos colores y tonos en los ropajes, aunque con tejidos y patrones diferentes; todos con la misma mirada fija a un objetivo sin descifrar por la visión ajena, pero eso sí, todos con una expresión de alegría y paz en sus rostros. <em>«parece que tienen claro hacia dónde se dirigen. Qué suerte sentir que tienes un objetivo fijo en la vida»</em> pensó Eléftheros. Y justamente al oír su propio pensamiento, descubrió por primera vez el sentimiento de infelicidad. Una desdicha recién nacida de reconocerse sin un objetivo en su propia vida, sin algo concreto que desear o alcanzar. Eléftheros no había conocido aún el sentido de la codicia o la pretensión en algo. Solo sabía del deseo; pero un deseo puro en cuanto a sentimientos, conformándose con la simple observación de lo deseado. Algunas veces, claro está, Eléftheros había logrado conseguir aplacar ese deseo, pero siempre de una forma fortuita y pasiva; como por ejemplo las veces que había disfrutado de manjares, a los cuales le invitaban los lugareños del poblado o ciudad sin que él tomara en ningún momento una iniciativa primogénea, o bien, cuando disfrutaba de alguna hermosa mujer. En este último caso siempre eran situaciones espontáneas y en las que él se veía de repente sumergido en un mar de miradas para dar paso seguidamente a las caricias y demás deleites del cuerpo… Pero jamás fue buscando estos encuentros ni mucho menos. También, en los diferentes trabajos que había tenido, había existido esa casualidad natural que a veces la vida nos brinda, pues Eléftheros, no buscaba algo concreto que hacer para poder ganarse el pan de cada día. Simplemente intentaba ayudar en los quehaceres que le iban surgiendo a su paso y claro, normalmente recibía incentivo, ya fuera en forma de dinero o en comida o incluso ropas nuevas. Por decirlo de otro modo, Eléftheros se dejaba llevar por la vida y allí dónde ésta le conducía, eso era lo que él disfrutaba.</p>



<p>Sorprendido con su nuevo sentir, en la misma medida que triste, Eléftheros comenzó a cerrar su macuto. En ese instante alguien junto a él le dijo:</p>



<p>— Estás llamando la atención demasiado amigo, ven conmigo o te invitarán a algo no muy deseable.</p>



<p>Eléftheros levantó la mirada y vio a un anciano con aspecto grácil, pero del cual se intuía una fuerza interior aún vivaz. &nbsp;Su piel, parecía papiro milenario de tan arrugada, seca y amarillenta que era. Pero sus ojos chispeaban como si de un adolescente se tratase. Eléftheros quiso responder, pero el anciano paró sus palabras levantando un dedo al aire como si al hacer ese gesto intentara no solo detener una frase sino el mismísimo tiempo.</p>



<p>— No hay excusas ni tiempo para ellas. Sígueme o no te ayudaré.</p>



<p>Eléftheros siguió al anciano y mientras se alejaba, no paraba de mirar alrededor sin entender qué podía haber hecho mal como para necesitar de una ayuda que no había pedido. Aún así, confió en aquel hombre pues su mirada era amigable.</p>



<p>Salieron de la plaza a paso ligero y siguieron por una calle que nacía justo al lado de la Casa Consistorial. La calle era amplia pero poco a poco se hacía cada vez más estrecha y oscura. Los pocos rayos de sol que la alcanzaban reflejaban en algunas ventanas, deslumbrando por unos segundos a Eléftheros. Y justo en uno de esos segundos, cuando volvió a mirar hacia adelante, el anciano había desaparecido. Eléftheros se detuvo en seco y de repente una fuerza descomunal le alcanzó su brazo derecho, arrastrándolo al interior de una vivienda. &nbsp;</p>



<p>— Bienvenido a Doulos y por supuesto, bienvenido a mi humilde casa. Mi nombre es Poulí.&nbsp; — dijo el anciano mientras Eléftheros se recomponía del tirón. — perdón por haberte hecho entrar en mi hogar de esa forma tan brusca, pero era necesario que te ocultaras inmediatamente, pues a lo lejos vi venir a dos de los ayudantes del gobernador.</p>



<p>Eléftheros se disponía de nuevo a responderle cuando volvió a hablar Poulí.</p>



<p>— Lo primero que hay que hacer para evitar problemas es darte ropa nueva. Ven conmigo, creo que tengo algo que te irá bien. Ciertamente eres un chico musculoso y alto, pero yo con tu edad, aunque ahora no lo aparente, era como tú. — le decía Poulí mientras rebuscaba en un cofre de madera que estaba situado en un rincón de la estancia.</p>



<p>Eléftheros se sentía confuso. Poulí le dio una blusa y un pantalón de lino del mismo tono violáceo, ambas prendas un tanto desgastadas por el paso del tiempo y los lavados, pero de igual modo, el mismo tono que desde que llegó a Doulos no dejaba de ver aquí y allí al igual que los otros dos colores. Así que volvió a intentar preguntar a aquel anciano.</p>



<p>— Señor Poulí…</p>



<p>— Nada de señor jovenzuelo, Poulí a secas por favor. Sé que soy ya un anciano pero te aseguro que mi espíritu conserva la juventud como recién estrenada — contestó Poulí medio riéndose e interrumpiendo de nuevo a Eléftheros. — Pero bueno, sigue sigue… ahora ya estamos más tranquilos y me imagino que tendrás muchas dudas ante la rapidez de lo que ha sucedido.</p>



<p>Entonces Eléftheros se giró un momento para observar la estancia en la que se encontraba y de paso, poner en orden sus ideas y las preguntas que se le agolpaban en su mente. Tomó aire mientras miraba una pequeña lumbre que había encendida en la chimenea y dijo:</p>



<p>— Señ.. Perdón, Poulí… ¿Podría explicarme qué ha sucedido exactamente y porqué se ha visto en la obligación de tener que ayudarme? No me he sentido en peligro en ningún momento. Estaba en la plaza tan tranquilo…</p>



<p>— Si, si… eso parece ¿no es así? — respondió Poulí.</p>



<p>— ¿Eso parece? ¿A qué se refiere? Le aseguro que no acabo de entender nada.</p>



<p>— Verás chico, la situación es más complicada de lo que parece. Pero mejor cámbiate mientras preparo algo de comer. Así, mientras te repones del susto te contaré lo que pasa en este lugar aparentemente apacible y hermoso.</p>
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		<title>La Navidad de cada instante</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Dec 2020 09:27:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[La Navidad ya está a la vuelta de la esquina, un año más, pero uno que intuyo que jamás olvidaremos. Para muchos será triste. Y &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La Navidad ya está a la vuelta de la esquina, un año más, pero uno que intuyo que jamás olvidaremos. Para muchos será triste. Y no me refiero a aquellos que no se puedan juntar con la familia por esta vez y que conste que me incluyo en este grupo, pero no, no me refiero a ellos, a nosotros,&nbsp; no… porque habrá más años. Me refiero a los que ya jamás se podrán juntar con ese familiar que falta, que se ha ido… ya sea por culpa de este virus o por otras circunstancias (recuerdo que aún existen otras enfermedades que nos afectaban hace nueve meses, antes de que todo se monopolizara por el Coronavirus).</p>



<p>Me pongo a mirar las noticas y no me puedo creer que la gente se sienta desdichada por tener que quedarse un año en sus casas, con su núcleo familiar, ya sean dos, tres, cuatro o seis… que más da. Puedo entender que aquellos que viven solos tengan la necesidad de estar con alguien en esos días de fiesta. Pero ¿qué nos sucede a los que tenemos hijos, pareja, padre, madre… viviendo bajo el mismo techo? ¿Acaso no podemos pasar un buen rato en la intimidad de nuestro hogar?</p>



<p>Siento, sencillamente que la sociedad se ha vuelto miope. Una miopía patológica y contagiosa, más que el peor virus que pueda surgir.</p>



<p>El espíritu de navidad o como lo quiera llamar cada uno, nace del deseo de compartir amor y solidaridad a los que nos rodean, de respetarnos y dar lo mejor de nosotros al menos durante unos días al año. Yo pienso que cada día debería de ser Navidad porque ¿No sería mejor si ese amor, respeto, buena educación y solidaridad durara más de unas semanas? &nbsp;¿No es un acto de amor y solidaridad quedarnos en casa disfrutando de quién tengas a tu lado y tener los mejores deseos hacia aquellos que no están presentes, pero que sabes que estarán bien también en sus casas?</p>



<p>Ya habrán días de fiesta, días de juntarse y reírnos de lo pasado, de lo vivido… Disfrutemos cada día de la Navidad, con los que tenemos al lado y deseando a los que están lejos nuestro amor y deseos de estar sanos, de no correr riesgos.</p>



<p>Este año, el amor hacia mis padres se lo demuestro no yendo a celebrar las Fiestas con ellos, pues ¿Cómo me podría sentir si semanas después alguno de ellos enfermara por mi empeño de reunirnos? ¿No sería un acto de egoísmo más que de amor?</p>



<p>Así llevo un año ya. Se dice pronto, pero se siente lento… Así que amigos, sé de lo que hablo. Un año sin abrazarlos, un año sin besarlos, un año sin sentir su calor… Pero están sanos, están ahí, están vivos. Y eso es sentir el espíritu navideño cada día de este largo año. Sé que estarán bien en su hogar, calentitos y comiendo lo que les apetezca, viendo sus películas y series preferidas, acordándose de nosotros y rememorando otros momentos que vivimos juntos, otras Navidades juntos… Pero sé que estarán bien, y yo sé que estaré bien al saber que ellos lo están. Llevo meses viendo fotos de nuestros momentos juntos, inolvidables… esos momentos, para mí son Navidad, sea el día del año que sea. Los días en los que hablo con ellos, ya sea por teléfono o por video llamada, esos días, esos instantes también son Navidad.</p>



<p>¿No te parece que hoy es un buen día para celebrar la Navidad?</p>


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		<title>Guardianes Invisibles</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Dec 2020 09:21:41 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Todos somos guardianes en algún momento de nuestras vidas, o en todos, quién sabe. Yo me convertí en guardiana en el 2010, con el nacimiento de mi primer hijo. Pasaba gran parte de la noche vigilando su respiración, sus movimientos, meciéndolo para que se le aliviaran sus cólicos&#8230; y desde entonces fuí ascendiendo hasta convertirme en guardiana profesional.</p>



<p>Pero ser guardián no es nada nuevo para quién sea padre o madre ¿verdad? Ya que es inherente a un impulso natural, a los sentimientos que te nacen en lo más profundo de las entrañas cuando por primera vez te sumerges en los ojos de un hijo. Pero a veces, lo inesperado llama de nuevo a tu puerta, reviviendo a la guardiana. Y ha revivido en estos últimos meses, rodeados de tanta amargura, tantas noticias fatídicas y jamás pensadas, tanta historia únicamente posible en los celuloides americanos&#8230; pero si, esta vez nos ha tocado vivirlo y tal vez no hayamos estado del todo a la altura.</p>



<p>Aún así, siguiendo el hilo de mi historia, me he convertido en guardiana inesperada&#8230;</p>



<p>Comencé a verla una de esas tardes de aplausos, sin prestar atención aunque fijándome por primera vez quién vivía a mi alrededor. Me di cuenta entonces que a veces vivimos en una burbuja creada para nosotros mismos, no por falta de interés, sino más bien absorvidos por una cotidianidad demasiado aislada.</p>



<p>La vi sonriente, con su pelo de nieve, aplaudiendo a todos esos héroes que siempre han existido, pero que por la ceguera colectiva en la que vivimos, únicamente los vemos cuando tenemos la vida en el filo de la navaja.</p>



<p>Y no sé en que momento ni qué día me dí cuenta de que ella siempre salía sola a su ventana. Eso sí, siempre la veía sonriendo y festejando las ocho de la tarde, su hora social. Fue entonces cuando mi instinto de guardiana invisible se puso en alerta. Tenía la necesidad cada día de asomarme para ver su ventana, ver si su persiana se levantaba e incluso ver su bonita cara iluminada por el nuevo día que acababa de comenzar. Me quedaba tranquila, parecía que vivía bien en su soledad.</p>



<p>Muchas veces me preguntaba&#8230; ¿Tendrá a alguien en su vida que se preocupe por ella? La verdad es que nunca vi a nadie más acompañándola, ni tan siquiera en el final del confinamiento. Me hacía recordar los días en que llegaba de la escuela y miraba hacia arriba para ver a mi abuela o a mi abuelo en la ventana, los cuales vivían en el edificio de enfrente mío. Me encantaba saber que ellos velaban por mi, que les gustaba ver cómo regresaba del colegio. Ella me recuerda la falta que hacen nuestros abuelos, lo mucho que los echo de menos y lo poco que muchas veces los valoramos en vida. No sé su nombre, pero ahora sé que ya forma parte de mi vida cotidiana, de mi pequeño universo. Ella también sabe que existo aunque tal vez ni se imagina que he estado cuidando de ella, en la distancia, en la ignorancia&#8230; Hace unos días, salí a mi ventana, observaba cuán bonitas tenía sus plantas en el alféizar y de repente ella se asomó. Me miró y con su siempre radiante sonrisa me saludó con su mano. Ese sencillo gesto me emocionó. Tal vez yo, su guardiana invisible, se convierta algún día en su guardiana amiga&#8230; tal vez.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-style-default"><img decoding="async" width="1024" height="866" src="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-1024x866.jpg" alt="" class="wp-image-5607" srcset="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-1024x866.jpg 1024w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-300x254.jpg 300w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-768x649.jpg 768w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-1536x1299.jpg 1536w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-2048x1732.jpg 2048w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-600x507.jpg 600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>Con Sabor a Esperanza</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Dec 2020 12:01:18 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Aquella mañana me había despertado con una sensación de inquietud; sentía nerviosismo, como si algo importante fuera a ocurrir. Pero por mucho que indagaba en mi mente, no podía recordar ningún plan que tal vez, en la confusión que últimamente me rodeaba, hubiera olvidado y que, mi a veces generosa intuición, mandara señales desde algún lugar (si existiera ese lugar&#8230; vete a saber).</p>



<p>Me metí en la ducha. Me hubiera quedado bajo el agua caliente toda una eternidad. Ojalá nuestras vidas pudieran siempre proporcionarnos ese momento cálido y de abandono. ¿Tal vez ese momento es cuando nos sentimos más cerca de nosotros mismos, en el que nuestro instinto recuerda la lejana y olvidada estancia natural en el vientre materno? Nunca lo sabré. Tampoco sabía porqué a pesar de esa ducha reconfortante me seguía sintiendo inquieta.</p>



<p>Me vestí, no con ganas, la verdad sea dicha y salí a la calle. Y en ese preciso instante me di cuenta porqué me había levantado con inquietud. Toda mi realidad había cambiado, no a peor, no me confundas; podría decirse que el cambio era a mucho mejor, aunque aún no lo sabía. Pero a veces esos cambios precisan de horas, días, semanas o incluso años para poder encajarlos en nuestro ser. Es entonces cuando decidí tomarme mi tiempo.</p>



<p>Empecé a caminar por las calles de ese pueblo que ahora se me antojaba tan diferente. Tal vez los pasos con libertad, sin explicaciones, sin tener que decir a nadie dónde te llevan, te hacen sentir así, inquieta. Aunque también me sentía más viva que nunca.&nbsp; Viva y sola. Sola, viva y libre. Ahora solo tenía que cuidar de mi pequeño y de mi.</p>



<p>Respiré hondo a la vez que el sol bañaba mi cara. Volví a sentirme reconfortante, igual que en la ducha, y pensé que tenía que encontrar mi lugar. Pero algo me decía que mi lugar no era aquel. Necesitaba saber quién era yo en ese preciso momento y empecé a preguntarme qué era lo que más me gustaba. Esa pregunta ya me la habían hecho unas noches antes mis amigos ¿qué quieres hacer? ¿Qué te gusta? A veces es una pregunta muy difícil de contestar cuando sientes que toda la responsabilidad de la respuesta que des, recae sólo en ti. Tú contestas y tú decides lo que vas a hacer, lo que vas a ser. Sin contar con nadie más, sin preguntar a nadie el típico &nbsp;– ¿a ti que te parece?– o –¿Hago bien haciendo esto o lo otro?–.</p>



<p>Estaba tan acostumbrada a estar acompañada que ahora la libertad me parecía algo irreal.</p>



<p>Después de pasar un rato bajo el cálido sol decidí volver a mi nuevo piso. Era pequeño, recogidito, como se suele decir, pero a mi me encantaba. Por primera vez después de mucho, me sentí segura, pues allí no vivía nadie que pudiera herirme, que pudiera envolver mi vida en una falsa burbuja de felicidad y vida perfecta. No había nadie que me vendiera sueños cuando en realidad eran pesadillas de mentiras y falsedades. &nbsp;En mi pisito, ahora, todo era claridad, verdad, esperanza por un futuro aún incierto, pero real. Y a pesar de todo, comencé a llorar, pues la soledad empezó a invadirme por dentro. Empezó con un pequeño agujero que se formaba justo en el centro de mi pecho. Lo podía visualizar en mi mente. Se iba transformando en un hueco creciente; podía verlo, podía incluso sentirlo. Cuánto más lloraba, más y más se agrandaba. Pensé, por un momento que podría engullirme a mi misma. Un “yo” absorbido por otro “yo” vacío, negro. Me miré al espejo y no me conocía. ¿Qué había pasado conmigo? ¿Dónde estaba mi inocencia? ¿Dónde estaba mi alegría de vivir? ¿Y mi risa?. La imagen que reflejaba el espejo era patética&#8230; pero en ese hueco inmenso, en esa oscuridad cósmica, de repente pude ver una luz brillar. Era muy pequeña, igual que una estrella que parpadea a años luz de nosotros, apenas perceptible. Y comprendí en ese preciso momento que tenía que aferrarme a ella, a su luz. De una forma inconsciente sabía que esa estrella era él, mi pequeño. Y me dije mirándome al espejo – Ya no hay nada más que esta oscuridad ¿que te parece si ahora intentas llegar a ese punto luminoso?– Así que de una forma casi automática me dirigí hacia la cocina, me preparé una taza de café con leche y bebí sin prisa, notando como el calor bajaba por mi garganta y agradeciendo que a pesar de todo el esfuerzo y de todos el llanto derramado, lo tenía a él, mi gran tesoro, mi pequeña estrella brillante.</p>



<p>Días después todo cambió. No fue fácil pero pude llegar a mi estrella; me aferré tanto a ella que su parpadeo se convirtió en el mío, haciéndome tantas cosquillas en mi alma que la risa volvió de forma automática. Ahora ya sabía lo que era estar en un espacio negro y vacío, sola con mi soledad, así que ¿a qué podía temer ya? Y todos los manjares del mundo volvieron a mí, con sabor a esperanza.</p>


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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" width="742" height="1024" src="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-742x1024.jpg" alt="" class="wp-image-5602" srcset="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-742x1024.jpg 742w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-217x300.jpg 217w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-768x1061.jpg 768w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-1112x1536.jpg 1112w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-1483x2048.jpg 1483w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-600x829.jpg 600w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-scaled.jpg 1854w" sizes="(max-width: 742px) 100vw, 742px" /></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Otras Vidas por Andar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Dec 2020 18:44:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
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		<category><![CDATA[redacción]]></category>
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					<description><![CDATA[Que gran variedad de formas de vivir la vida hay en el mundo. La visión que te da salir de tu hábitat natural te hace &#8230; ]]></description>
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<p>Que gran variedad de formas de vivir la vida hay en el mundo. La visión que te da salir de tu hábitat natural te hace abrir la mente y mirar por una rendija las posibilidades infinitas que hay para cada uno de nosotros. Ese gran poema de Antonio Machado “&#8230; se hace camino al andar&#8230;” es una realidad como un templo (cómo solían decir nuestras abuelas) y vamos tejiendo nuestro camino poco a poco, aunque a algunos les parezca que lo tengan todo controlado y súper planeado. Pero no, eso es solo un espejismo de nuestra necesidad de seguridad. La vida te puede llevar a veces por caminos que jamás hubieras imaginado, te puede llevar a lugares insospechados&#8230; y de eso sé un rato, créanme.</p>



<p>Estos últimos días he visto estilos de vida muy diferentes para los que vivimos en las ciudades. Vidas que viven cada minuto con paz y enraizados a sus costumbres y su tierra. ¡Y qué tierra tan bonita!</p>



<p>Pero también es importante, cómo no, el golpe de suerte que te pueda dar la vida&#8230; porque no es lo mismo haber nacido en un país que en otro ¿no creen? Eso ya de por sí, te puede marcar y mucho. Nosotros, los que hemos tenido la suerte de nacer en un país como el nuestro, lleno de buenas costumbres culinarias, cultura variada y plural, lenguas preciosas que no debemos ni perder ni odiar, deberíamos dejar las diferencias políticas a un lado y unir nuestras fuerzas a cuidar de nuestra tierra y nuestras costumbres. Unos junto a otros, respetando todas las formas de hacer cada uno &#8230; pues eso, su camino. Porque todos, todos nosotros, tenemos días grises y días soleados y que bonito es encontrar en otra parte del país una persona qué al hablar con ella, a pesar de llevar una vida tan diferente a la tuya, te mira a los ojos y te entiende.</p>



<p>Que gran variedad de formas de vivir la vida hay en el mundo&#8230; ¡Y que bonita es nuestra tierra!</p>
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		<title>Sueños y Realidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Sep 2020 10:29:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
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		<category><![CDATA[escritura]]></category>
		<category><![CDATA[micro relatos]]></category>
		<category><![CDATA[redacción]]></category>
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		<category><![CDATA[relato onírico]]></category>
		<category><![CDATA[relato surrealista]]></category>
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					<description><![CDATA[Micro Relato por Josefinailu María le explicaba a su psicoanalista siempre el mismo mal sueño recurrente. Se había acostumbrado irremediablemente a depender de esas sesiones &#8230; ]]></description>
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<h5 class="wp-block-heading">Micro Relato por Josefinailu</h5>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p class="has-text-align-left">María le explicaba a su psicoanalista siempre el mismo mal sueño recurrente. Se había acostumbrado irremediablemente a depender de esas sesiones que, siendo al principio impuestas por su médico de cabecera, se habían convertido en imprescindibles para lidiar con sus temores.</p>



<p>En su sueño no podía dejar de andar de un lado para otro, sin hacer nada realmente, pues al llegar a sus diminutos destinos ya se había olvidado de lo que tenía que hacer o para qué había llegado hasta allí. Volvía a su punto de partida para después emprender de nuevo otro camino, ya fuera, acercarse a la cocina o ir al baño simplemente, para darse cuenta otra vez más de que estaba perdida y sin saber qué tenía que hacer. Era un sueño realmente angustioso.</p>



<p>Su psicoanalista, un hombre serio, prácticamente sin ninguna expresión en su cara que denotara su estado de ánimo, se limitaba a tomar apuntes y a mirarla de vez en cuando con ojos penetrantes. María, cuando conectaba con su mirada intentaba descifrar durante un segundo quién era ese hombre, para inmediatamente, volver la atención hacia sí misma. En esos miles de pequeños segundos jamás pudo adivinar quién había detrás de esos ojos, pero era algo que había ya dejado de importarle.</p>



<p>En esas sesiones siempre llegaban a la misma conclusión. El sueño era el subconsciente de María, pidiéndole a gritos que buscara un sentido a su vida. Algo que la llenara, algo que le gustara realmente y que la hiciera sentir plena, cualquier cosa que le hiciera buscar su cometido en la vida &#8211; ¿Pero qué pasa si yo no creo en la idea de que todos tenemos un cometido? – Le preguntaba María a su psicoanalista. Así que volvían al mismo punto de siempre, al principio. María se levantaba del diván, un mueble viejo y algo raído pero ciertamente cómodo. Se acercaba a una estantería pero, al quedarse mirando los diferentes objetos que allí reposaban, se volvía a preguntar -¿Pero porqué he venido hasta aquí? Jamás me ha interesado nada de lo que aquí hay.</p>



<p>Volvía a tumbarse en el diván y en ese preciso momento se despertaba. Todo había sido un sueño… Otra vez ese sueño recurrente en el que iba al psicoanalista por no sé que problema de malos sueños que siempre se repiten.</p>



<p>Se levantó de la cama para dirigirse directamente a la cocina. &#8211; ¿Qué hago en la cocina? ¿Para qué he venido?&nbsp;</p>



<p>Así que volvía a su habitación para luego dirigirse al comedor y volverse a preguntar &#8211; ¿Qué hago en el salón? ¿cuál es el sentido de mi vida?</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="724" src="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-1024x724.jpg" alt="" class="wp-image-2610" srcset="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-1024x724.jpg 1024w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-300x212.jpg 300w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-768x543.jpg 768w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-1140x806.jpg 1140w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-600x424.jpg 600w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad.jpg 1500w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>Por una Juventud sin Bullying&#8230;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2020 11:03:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Bullying]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Luchar contra el bullying]]></category>
		<category><![CDATA[micro relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Novela contra el bullying]]></category>
		<category><![CDATA[redacción]]></category>
		<category><![CDATA[relato]]></category>
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<p>Hace varios años, en el momento en el que comencé a escribir en este blog (y de nuevo he de reconocer que no soy muy constante), lo hice hablando sobre la infancia; ese mundo en el que a simple vista lo vemos maravilloso, lleno de imaginación y horas repletas de juegos, pero que en muchos casos no es ni una etapa tan sencilla ni tan dulce. Supongo que depende de la experiencia de cada uno, claro está. Y personalmente no puedo decir que tuve una infancia mala pues en mi hogar no faltó nunca lo más necesario, que es el amor y la comprensión. Pero si que diré que mi experiencia en el colegio tuvo momentos de claro-oscuro. Otra cosa fue mi etapa de instituto&#8230; aquellos años fueron felices y llenos de música, literalmente y también de esa que te invade el corazón.</p>



<p>Y os cuento todo esto, a veces me voy por las ramas,<em> </em>porque fue entonces que comencé también a escribir una historia sobre esas vivencias complicadas y muy difíciles que viven algunos niños y niñas o adolescentes, en total silencio, sin el apoyo de alguien que pueda aconsejarles y pueda incluso convencerles de que ellos no son el problema. Que su aspecto físico o cualquier otra razón que promueve la excusa de los insultos y vejaciones jamás serán el problema.</p>



<p>Pero la presentación de mi Novela sobre el Bullying coincidió de manera desafortunada con la aparición del temido y tedioso Covid-19. La ilusión de que mi libro llegara a las manos que pudieran necesitar una historia que apoyara su otra historia, que le acompañara en la soledad de esa experiencia para darle fuerzas y salir de esa situación, se rompió. Simplemente deseaba que mi nueva novela llegara a unas manos que pudiera ver la sensibilidad que puede esconder alguien que sufre esa experiencia, acercarnos más a una realidad que no sé aún porqué muchos centros escolares insisten en esconder en vez de plantarles cara, como suele decirse, con agallas.</p>



<p>Así que desde aquí, desde mi humilde y poco visitado blog, os presento mi Novela <strong><em>“El Final del Paréntesis, por una juventud sin bullying»</em></strong>. Es una novela fácil de leer , o al menos los que ya lo han hecho me han dicho que es así y por qué no decirlo, estoy algo cansada de ser humilde con mi trabajo, una lectura que debiera de leer muchísima gente. Va dirigida sobretodo a los jóvenes, pero como no, esos jóvenes tienen padres&#8230; Y algún padre/madre ya me ha dicho que hacía tiempo que un libro no le llegaba al corazón tanto como éste. Y quiero aprovechar para dar las gracias por esos <em>feedback</em> de algunos de mis lectores.</p>



<p>He intentado llegar a los medios para tener algo de apoyo en su difusión, alguien que pudiera apostar por un escritor novel y no ir a lo seguro (las Novelas de las grandes Editoriales ya se sabe que tienen el camino allanado). En fin, alguien que simplemente se tome la molestia de leerla y opinar en su blog, en su columna de novedades o un sencillo boca a boca&#8230; Así que ahí lo dejo. Disculpadme pero la vida me está ensañando a ser directa, a pedir las cosas tal y como las siento y las necesito.</p>



<p>Así que si os animáis y queréis leerla, además de compartir vuestra opinión sobre ella conmigo (cosa que me encanta y me ayuda a mejorar), ahora es el momento adecuado pues recordad que se acercan días de verano, ideales para sumergirse en un buen libro.</p>



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<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://www.amazon.es/El-Final-del-Par%C3%A9ntesis-EDICI%C3%93N/dp/B0B5KV7CWR/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&amp;crid=NCMNH8FIO74C&amp;dib=eyJ2IjoiMSJ9.4pTcp0TBfBsixQQ1Yf3K58uvSAGvSPRGwPEhBUTbBD0Q20S_DTfAnxWn_7fCjAmj._KPuqzSa3TMmcof9WoprtuV2iueEw3u3L7eUSirIf_w&amp;dib_tag=se&amp;keywords=EL+FINAL+DEL+PARENTESIS&amp;qid=1747917362&amp;sprefix=el+final+del+parentesis%2Caps%2C103&amp;sr=8-1">COMPRAR: <em>«El Final del Paréntesis, Por una juventud sin bullying»</em></a></div>
</div>



<p>Y termino con una frase que dijo Will Smith en alguna ocasión y la cual queda reflejada al comienzo de mi novela:</p>



<p><em><strong> “Deja que tu sonrisa cambie el mundo. No dejes que el mundo cambie tu sonrisa”.</strong></em></p>
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		<title>Un nuevo proyecto&#8230; Una hora más</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Aug 2018 12:20:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[relato josefina montero]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace unos meses me puse a pensar en mi infancia&#8230; en los días de colegio, las tardes de plaza y las risas en clase con &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos meses me puse a pensar en mi infancia&#8230; en los días de colegio, las tardes de plaza y las risas en clase con mis compañeros&#8230; o no de tantas risas. A veces, no muchas pero sí a veces, días de irme a casa con lágrimas en los ojos. No todo es un jardín de rosas en la vida de un infante, esa es la verdad; aunque sí que se miran esas primeras decepciones con otro prisma cuando te haces mayor. Ahora que soy madre, pienso que no tenemos que perder nunca nuestra inocencia&#8230; ¡Es fundamental para poder entender y ayudar a nuestros niños!</p>
<p>Empiezo un nuevo relato, una nueva historia&#8230; Aunque posiblemente no tan nueva para muchos de nuestros jóvenes&#8230;</p>
<p><em>«Todos los días me levanto, con el ansia pegada a mi estómago, pensando&#8230; venga, tú puedes, otro día más, tú puedes con esa jungla llamada por los adultos «instituto». Miro al frente y me concentro en el siguiente paso, en una página en blanco, en la M de matemáticas, en la silla verde de enfrente, vacía, que es sinónimo de calma&#8230; tú puedes, venga, una hora más»</em></p>
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		<title>¡Hoy estoy de estreno!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Aug 2018 18:26:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Arte Gráfico]]></category>
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					<description><![CDATA[¡Que bonito es el día cuando estrenamos algo! Desde bien pequeña siempre me hizo mucha ilusión estrenar&#8230; da igual lo que fuera: zapatos, alguno de &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¡Que bonito es el día cuando estrenamos algo! Desde bien pequeña siempre me hizo mucha ilusión estrenar&#8230; da igual lo que fuera: zapatos, alguno de los bonitos vestidos que me hacía mi madre con esmero, una cinta para recoger mi coleta&#8230; Pero hoy, a pesar de que estreno algo que no me puedo colgar o poner, estreno algo hecho por mí, con mi esfuerzo, con mis horas robadas&#8230; ¡Y lo más importante! quiero compartirlo con tod@s vosotr@s. Feliz tarde de Lunes.</p>
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