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	<title>micro relatos &#8211; Arte Gráfico, Ilustración y Diseño</title>
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		<title>Polvo de Espejo : II parte</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Feb 2024 11:24:24 +0000</pubDate>
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<h2 class="wp-block-heading"><strong>Por Josefinailu</strong></h2>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Retiró con sus manos la maleza que había crecido. Esto le hizo pensar en Bruno, el jardinero que meses atrás dejó de cuidarle el jardín. Un hombre callado, tranquilo y de rostro tostado por las tantas horas de jornada bajo el sol, junto a sus plantas y flores. Bruno había sufrido un infarto mientras dormía. Ismael, cuando se enteró de la noticia, no pudo evitar pensar en que, al menos, tuvo una muerte dulce y tranquila, acorde a la vida que había llevado el bueno de Bruno.</p>



<p>Después de algunos arañazos en sus manos y de que retirara todas las malas hierbas que pudieran estorbarle la visión, se quedó estupefacto con lo que encontró. ¿Qué hacía un espejo en su jardín?</p>



<p>El reflejo de su cara en él no era normal. Se veía algo distorsionado y opaco. A saber, cuánto tiempo llevaba aquel objeto enterrado. Lógicamente se habría deformado y por supuesto, su lustro no era el mismo. Cuánto más lo observaba, más atraído se sentía por su propio reflejo. Acercó su mano a su cara, despacio. Justo en el momento de tocar su mejilla deslucida, su reflejo se fue disolviendo frente él. Una brisa soplaba dentro del espejo, llevándose las partículas de su rostro y parte de su cuerpo, convirtiéndolos en la nada. Ismael, miraba a su alrededor para comprobar que, lo que pasaba fuera no tenía nada que ver con lo reflejado. Y, en ese mismo instante, algo le llamó la atención en las vidrieras de su despacho. Una sombra.</p>



<p>Dejó el espejo dónde lo había encontrado, tirado ahora sobre todos los hierbajos retirados hacía tan solo unos minutos.</p>



<p>Se dirigió hacia su casa, tenía que comprobar qué era esa sombra extraña que se translucía a través de la vidriera colorista. ¿Había entrado alguien en su despacho mientras él estaba en el jardín? Notó como el pulso se le aceleraba y una sensación de angustia y confusión se iba apoderando de él, transformando todos sus gestos, antes relajados y lentos en movimientos rígidos y convulsos a medida que avanzaba todo lo rápido que le permitía su edad.</p>



<p>Cuando llegó justo a la altura de la vidriera, se subió en un muro que había servido durante años de asiento para algunas tardes de lectura y conversaciones amenas y algo transcendentales con Bruno. Intentaba no pensar en ellas, pero las echaba de menos.</p>



<p>Acercó sus manos y cara a los cristales de colores para poder ver en el interior.</p>



<p>Él, allí dormido, en el cómodo asiento que tantas horas había pasado estudiando planos, calculando alturas y anchuras, escribiendo cartas a gente importante, incluso… mirando la fotografía de Miriam, la mujer que durante tantísimos años había amado en secreto. ¿Dónde estaría ahora ella? Pero, ¿Dormido?</p>



<p>Ismael, en un impulso irracional dejó de mirar dentro y volvió al espejo. A pesar de tenerlo frente a él, sujetándolo fuerte y sintiendo el frío y la humedad del marco en sus manos, no podía ver nada más que el reflejo de un jardín vacío. A lo lejos, algo. Alargó su mano y ésta se coló en ese paisaje reflejado. Decidió meter entonces una pierna y después otra. Estaba dentro. Comenzó a caminar hacia aquello que veía a lo lejos. Alguien, una silueta que se iba acercando lentamente, muy despacio. Pero que, mientras más cerca la tenía, más borrosa la veía, lo contrario a lo que sería normal.</p>



<p>¡Bruno! Y en un momento, la felicidad que no sentía desde hacía muchos años, volvió a él plena, viva, luminosa.</p>
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		<title>Polvo de Espejo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Feb 2024 08:56:45 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Por Josefinailu Se acercaban las ocho de la tarde. Ismael se levantó de la silla para dirigirse a la vidriera situada justo detrás de su &#8230; ]]></description>
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<h2 class="wp-block-heading">Por Josefinailu</h2>



<p>Se acercaban las ocho de la tarde. Ismael se levantó de la silla para dirigirse a la vidriera situada justo detrás de su escritorio. Los colores anaranjados de un sol que anunciaba su retirada se escurrían a través de los dibujos <em>art decó</em> de aquella preciosidad que adquirió en Portugal, muchísimos años atrás, cuando la juventud y el ánimo aún hervía por sus venas. Cada vez que miraba a través de los brillantes colores de vidrio, se acordaba de la entrada a aquel taller mugriento, en un callejón dónde lo último que pensaba, era encontrar al mejor artesano de vidrieras emplomadas que jamás hubiera imaginado. Para ser sincero consigo mismo, en aquel entonces no tenía tanta experiencia en su recién estrenada profesión para poder alardear de conocer a todos los artesanos importantes de Europa. Pero a partir de entonces, cada vez que diseñaba un edificio, intentaba encajar una de esas vidrieras justo en el lugar por el que llega el ocaso. Y así, el casi desconocido artesano portugués, pasó a ser uno de los más importantes artesanos en su oficio. Y de la misma manera, se reconocían las obras arquitectónicas de Ismael por el sello inconfundible de las vidrieras, transformándolas casi en una firma propia.</p>



<p>Él era así; ya desde su época de estudiante de arquitectura, tenía el don de brillar allí dónde iba. No solo por su gran visión conjugando formas, estructuras y planos con su entorno sino también por su atractivo. Y de esta manera, todo lo que recomendaba, a todo aquel que se acercara o a quién quisiera regalar su tiempo y atención, súbitamente subía su popularidad de una u otra manera. Así que, Don Caetano Oliveira tuvo que dejar su pequeño taller oscuro y húmedo, para trabajar su arte en lugar luminoso y amplio, en el que no faltaban expositores para mostrar su artesanía colorista de luz, además de todo tipo de herramientas y mesas de trabajo.</p>



<p>Ismael había triunfado en la vida. Intentaba repasar cada etapa de sus setenta y dos años y no podía encontrar absolutamente nada por lo que pudiera avergonzarse o ni tan siquiera angustiarse. No tenía ni un solo recuerdo amargo, exceptuando eso sí, la muerte de sus padres, los cuales fueron con él cariñosos y amables incluso cuando se le antojaba hacer alguna travesurilla propia de la edad. Y a pesar de no encontrar nada por lo que lamentarse, tampoco encontraba lo que se suponía que debía sentir. La felicidad.</p>



<p>Ismael se acercó al perchero junto a la puerta. Cogió su chaqueta de lana marrón moca, las tardes empezaban a refrescar a aquellas alturas de octubre, y salió por la puerta, cerrándola con llave, una costumbre que tenía desde siempre pues en su despacho guardaba documentos y planos muy importantes.</p>



<p>Caminó hasta el jardín tranquilamente. Nadie le esperaba para cenar, ni para mantener una conversación amena sobre las construcciones vanguardistas del siglo XXI. Tampoco le esperaban en el café dónde muchos años atrás solía verse con sus colegas para discutir sobre materiales o plantas y alzados de sus respectivos diseños.</p>



<p>Caminó tranquilo. Y cuando se giró, para volver por los pasos que había dado, vio en un recoveco del jardín, justo en el lugar en el que siempre se formaba un pequeño charco los días de más lluvia, un brillo fuera de lo normal.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Continuará…</em></p>


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		<title>Eléftheros en el país imaginario: II parte</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2021 18:36:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Tres Colores Eléftheros no podía creer la suerte que había tenido al encontrar un lugar como aquel. Allí dónde se posaban sus ojos descubría belleza; &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"></p>



<p class="has-text-align-center"><em>Tres Colores</em></p>



<p>Eléftheros no podía creer la suerte que había tenido al encontrar un lugar como aquel. Allí dónde se posaban sus ojos descubría belleza; en las formas casi redondeadas de las viviendas y en el edificio enorme que frente a él se levantaba y que intuía que se trataba seguramente de la Casa Consistorial. También en el mobiliario urbano, que curiosamente estaba acorde con las formas, tanto de rejas de ventanas y balcones, como de farolas y señales. Todo lo que parecía metálico tenía un aspecto moldeable, formando círculos y espirales u otras formas curvilíneas al azar. Lo que no vio por ninguna parte eran ángulos rectos ni cantos, como si el propósito de aquella arquitectura urbana fuera no hacerse daño y proteger de cualquier golpe al más pequeño de sus habitantes.</p>



<p>Eléftheros, decidió sentarse en uno de esos originales bancos para reposar después de su caminata matutina, lo que sería un segundo premio ya ganado de sobras. Después de sentarse, un leve suspiro salió de su boca al sentir como la parte lumbar de su espalda se relajaba. De su macuto sacó el último dulce que compró en su anterior destino, un rico bizcocho con un toque avainillado, recubierto de almendra y piñones. <em>«qué pena…»</em> pensó, <em>«con lo lejos que estoy ya de dónde lo compré y lo rico que está; bueno, disfrutaré de este último pedazo admirando esta maravilla de villa». </em>Mientras disfrutaba de su dulce iba observando el ajetreo de la gente que pasaba por la plaza. Fue entonces cuando reparó en que todos los habitantes que pasaban por allí parecían figurantes del lugar: todos con los mismos colores y tonos en los ropajes, aunque con tejidos y patrones diferentes; todos con la misma mirada fija a un objetivo sin descifrar por la visión ajena, pero eso sí, todos con una expresión de alegría y paz en sus rostros. <em>«parece que tienen claro hacia dónde se dirigen. Qué suerte sentir que tienes un objetivo fijo en la vida»</em> pensó Eléftheros. Y justamente al oír su propio pensamiento, descubrió por primera vez el sentimiento de infelicidad. Una desdicha recién nacida de reconocerse sin un objetivo en su propia vida, sin algo concreto que desear o alcanzar. Eléftheros no había conocido aún el sentido de la codicia o la pretensión en algo. Solo sabía del deseo; pero un deseo puro en cuanto a sentimientos, conformándose con la simple observación de lo deseado. Algunas veces, claro está, Eléftheros había logrado conseguir aplacar ese deseo, pero siempre de una forma fortuita y pasiva; como por ejemplo las veces que había disfrutado de manjares, a los cuales le invitaban los lugareños del poblado o ciudad sin que él tomara en ningún momento una iniciativa primogénea, o bien, cuando disfrutaba de alguna hermosa mujer. En este último caso siempre eran situaciones espontáneas y en las que él se veía de repente sumergido en un mar de miradas para dar paso seguidamente a las caricias y demás deleites del cuerpo… Pero jamás fue buscando estos encuentros ni mucho menos. También, en los diferentes trabajos que había tenido, había existido esa casualidad natural que a veces la vida nos brinda, pues Eléftheros, no buscaba algo concreto que hacer para poder ganarse el pan de cada día. Simplemente intentaba ayudar en los quehaceres que le iban surgiendo a su paso y claro, normalmente recibía incentivo, ya fuera en forma de dinero o en comida o incluso ropas nuevas. Por decirlo de otro modo, Eléftheros se dejaba llevar por la vida y allí dónde ésta le conducía, eso era lo que él disfrutaba.</p>



<p>Sorprendido con su nuevo sentir, en la misma medida que triste, Eléftheros comenzó a cerrar su macuto. En ese instante alguien junto a él le dijo:</p>



<p>— Estás llamando la atención demasiado amigo, ven conmigo o te invitarán a algo no muy deseable.</p>



<p>Eléftheros levantó la mirada y vio a un anciano con aspecto grácil, pero del cual se intuía una fuerza interior aún vivaz. &nbsp;Su piel, parecía papiro milenario de tan arrugada, seca y amarillenta que era. Pero sus ojos chispeaban como si de un adolescente se tratase. Eléftheros quiso responder, pero el anciano paró sus palabras levantando un dedo al aire como si al hacer ese gesto intentara no solo detener una frase sino el mismísimo tiempo.</p>



<p>— No hay excusas ni tiempo para ellas. Sígueme o no te ayudaré.</p>



<p>Eléftheros siguió al anciano y mientras se alejaba, no paraba de mirar alrededor sin entender qué podía haber hecho mal como para necesitar de una ayuda que no había pedido. Aún así, confió en aquel hombre pues su mirada era amigable.</p>



<p>Salieron de la plaza a paso ligero y siguieron por una calle que nacía justo al lado de la Casa Consistorial. La calle era amplia pero poco a poco se hacía cada vez más estrecha y oscura. Los pocos rayos de sol que la alcanzaban reflejaban en algunas ventanas, deslumbrando por unos segundos a Eléftheros. Y justo en uno de esos segundos, cuando volvió a mirar hacia adelante, el anciano había desaparecido. Eléftheros se detuvo en seco y de repente una fuerza descomunal le alcanzó su brazo derecho, arrastrándolo al interior de una vivienda. &nbsp;</p>



<p>— Bienvenido a Doulos y por supuesto, bienvenido a mi humilde casa. Mi nombre es Poulí.&nbsp; — dijo el anciano mientras Eléftheros se recomponía del tirón. — perdón por haberte hecho entrar en mi hogar de esa forma tan brusca, pero era necesario que te ocultaras inmediatamente, pues a lo lejos vi venir a dos de los ayudantes del gobernador.</p>



<p>Eléftheros se disponía de nuevo a responderle cuando volvió a hablar Poulí.</p>



<p>— Lo primero que hay que hacer para evitar problemas es darte ropa nueva. Ven conmigo, creo que tengo algo que te irá bien. Ciertamente eres un chico musculoso y alto, pero yo con tu edad, aunque ahora no lo aparente, era como tú. — le decía Poulí mientras rebuscaba en un cofre de madera que estaba situado en un rincón de la estancia.</p>



<p>Eléftheros se sentía confuso. Poulí le dio una blusa y un pantalón de lino del mismo tono violáceo, ambas prendas un tanto desgastadas por el paso del tiempo y los lavados, pero de igual modo, el mismo tono que desde que llegó a Doulos no dejaba de ver aquí y allí al igual que los otros dos colores. Así que volvió a intentar preguntar a aquel anciano.</p>



<p>— Señor Poulí…</p>



<p>— Nada de señor jovenzuelo, Poulí a secas por favor. Sé que soy ya un anciano pero te aseguro que mi espíritu conserva la juventud como recién estrenada — contestó Poulí medio riéndose e interrumpiendo de nuevo a Eléftheros. — Pero bueno, sigue sigue… ahora ya estamos más tranquilos y me imagino que tendrás muchas dudas ante la rapidez de lo que ha sucedido.</p>



<p>Entonces Eléftheros se giró un momento para observar la estancia en la que se encontraba y de paso, poner en orden sus ideas y las preguntas que se le agolpaban en su mente. Tomó aire mientras miraba una pequeña lumbre que había encendida en la chimenea y dijo:</p>



<p>— Señ.. Perdón, Poulí… ¿Podría explicarme qué ha sucedido exactamente y porqué se ha visto en la obligación de tener que ayudarme? No me he sentido en peligro en ningún momento. Estaba en la plaza tan tranquilo…</p>



<p>— Si, si… eso parece ¿no es así? — respondió Poulí.</p>



<p>— ¿Eso parece? ¿A qué se refiere? Le aseguro que no acabo de entender nada.</p>



<p>— Verás chico, la situación es más complicada de lo que parece. Pero mejor cámbiate mientras preparo algo de comer. Así, mientras te repones del susto te contaré lo que pasa en este lugar aparentemente apacible y hermoso.</p>
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		<title>Días de Sol y Días de Lluvia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Feb 2021 11:41:36 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Hay días de sol; un sol tan resplandeciente que te ciega y lo único que puedes hacer es cerrar los ojos y sentir como su &#8230; ]]></description>
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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2021/02/IMG_6368-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-6698" srcset="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2021/02/IMG_6368-768x1024.jpg 768w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2021/02/IMG_6368-225x300.jpg 225w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2021/02/IMG_6368-600x800.jpg 600w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2021/02/IMG_6368.jpg 900w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure></div>



<p>Hay días de sol; un sol tan resplandeciente que te ciega y lo único que puedes hacer es cerrar los ojos y sentir como su calor calienta cada poro de tu piel. Esos días hay que guardarlos en la memoria, regocijarse en ellos cuando la tempestad empieza a asomar en la lejanía.</p>



<p>Hay días de lluvia; una lluvia que puede enfriar todo el calor guardado, llevándonos al olvido de tiempos de luz para sumergirnos en el gris de su humedad.</p>



<p>Pero la lluvia limpia; arrastra la neblina de los días para dejar cielos de azul, un azul de mar. Bendita lluvia; benditas tormentas fortuitas que nos hacen desbordar para renacer más vivos, más brillantes. Y bendito mar en mis días, el que me da esa fuerza invisible, la que me empuja a reencontrarme conmigo misma y mi parte olvidada, con mis palabras de tinta, con mi tinta dibujada en garabatos de un sentir&#8230; porque por sentir, que no quede.</p>



<p></p>
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		<title>Guardianes Invisibles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Dec 2020 09:21:41 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Todos somos guardianes en algún momento de nuestras vidas, o en todos, quién sabe. Yo me convertí en guardiana en el 2010, con el nacimiento &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Todos somos guardianes en algún momento de nuestras vidas, o en todos, quién sabe. Yo me convertí en guardiana en el 2010, con el nacimiento de mi primer hijo. Pasaba gran parte de la noche vigilando su respiración, sus movimientos, meciéndolo para que se le aliviaran sus cólicos&#8230; y desde entonces fuí ascendiendo hasta convertirme en guardiana profesional.</p>



<p>Pero ser guardián no es nada nuevo para quién sea padre o madre ¿verdad? Ya que es inherente a un impulso natural, a los sentimientos que te nacen en lo más profundo de las entrañas cuando por primera vez te sumerges en los ojos de un hijo. Pero a veces, lo inesperado llama de nuevo a tu puerta, reviviendo a la guardiana. Y ha revivido en estos últimos meses, rodeados de tanta amargura, tantas noticias fatídicas y jamás pensadas, tanta historia únicamente posible en los celuloides americanos&#8230; pero si, esta vez nos ha tocado vivirlo y tal vez no hayamos estado del todo a la altura.</p>



<p>Aún así, siguiendo el hilo de mi historia, me he convertido en guardiana inesperada&#8230;</p>



<p>Comencé a verla una de esas tardes de aplausos, sin prestar atención aunque fijándome por primera vez quién vivía a mi alrededor. Me di cuenta entonces que a veces vivimos en una burbuja creada para nosotros mismos, no por falta de interés, sino más bien absorvidos por una cotidianidad demasiado aislada.</p>



<p>La vi sonriente, con su pelo de nieve, aplaudiendo a todos esos héroes que siempre han existido, pero que por la ceguera colectiva en la que vivimos, únicamente los vemos cuando tenemos la vida en el filo de la navaja.</p>



<p>Y no sé en que momento ni qué día me dí cuenta de que ella siempre salía sola a su ventana. Eso sí, siempre la veía sonriendo y festejando las ocho de la tarde, su hora social. Fue entonces cuando mi instinto de guardiana invisible se puso en alerta. Tenía la necesidad cada día de asomarme para ver su ventana, ver si su persiana se levantaba e incluso ver su bonita cara iluminada por el nuevo día que acababa de comenzar. Me quedaba tranquila, parecía que vivía bien en su soledad.</p>



<p>Muchas veces me preguntaba&#8230; ¿Tendrá a alguien en su vida que se preocupe por ella? La verdad es que nunca vi a nadie más acompañándola, ni tan siquiera en el final del confinamiento. Me hacía recordar los días en que llegaba de la escuela y miraba hacia arriba para ver a mi abuela o a mi abuelo en la ventana, los cuales vivían en el edificio de enfrente mío. Me encantaba saber que ellos velaban por mi, que les gustaba ver cómo regresaba del colegio. Ella me recuerda la falta que hacen nuestros abuelos, lo mucho que los echo de menos y lo poco que muchas veces los valoramos en vida. No sé su nombre, pero ahora sé que ya forma parte de mi vida cotidiana, de mi pequeño universo. Ella también sabe que existo aunque tal vez ni se imagina que he estado cuidando de ella, en la distancia, en la ignorancia&#8230; Hace unos días, salí a mi ventana, observaba cuán bonitas tenía sus plantas en el alféizar y de repente ella se asomó. Me miró y con su siempre radiante sonrisa me saludó con su mano. Ese sencillo gesto me emocionó. Tal vez yo, su guardiana invisible, se convierta algún día en su guardiana amiga&#8230; tal vez.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-style-default"><img decoding="async" width="1024" height="866" src="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-1024x866.jpg" alt="" class="wp-image-5607" srcset="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-1024x866.jpg 1024w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-300x254.jpg 300w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-768x649.jpg 768w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-1536x1299.jpg 1536w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-2048x1732.jpg 2048w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/guardianes-invisibles-600x507.jpg 600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>Con Sabor a Esperanza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Dec 2020 12:01:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
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<p>Aquella mañana me había despertado con una sensación de inquietud; sentía nerviosismo, como si algo importante fuera a ocurrir. Pero por mucho que indagaba en mi mente, no podía recordar ningún plan que tal vez, en la confusión que últimamente me rodeaba, hubiera olvidado y que, mi a veces generosa intuición, mandara señales desde algún lugar (si existiera ese lugar&#8230; vete a saber).</p>



<p>Me metí en la ducha. Me hubiera quedado bajo el agua caliente toda una eternidad. Ojalá nuestras vidas pudieran siempre proporcionarnos ese momento cálido y de abandono. ¿Tal vez ese momento es cuando nos sentimos más cerca de nosotros mismos, en el que nuestro instinto recuerda la lejana y olvidada estancia natural en el vientre materno? Nunca lo sabré. Tampoco sabía porqué a pesar de esa ducha reconfortante me seguía sintiendo inquieta.</p>



<p>Me vestí, no con ganas, la verdad sea dicha y salí a la calle. Y en ese preciso instante me di cuenta porqué me había levantado con inquietud. Toda mi realidad había cambiado, no a peor, no me confundas; podría decirse que el cambio era a mucho mejor, aunque aún no lo sabía. Pero a veces esos cambios precisan de horas, días, semanas o incluso años para poder encajarlos en nuestro ser. Es entonces cuando decidí tomarme mi tiempo.</p>



<p>Empecé a caminar por las calles de ese pueblo que ahora se me antojaba tan diferente. Tal vez los pasos con libertad, sin explicaciones, sin tener que decir a nadie dónde te llevan, te hacen sentir así, inquieta. Aunque también me sentía más viva que nunca.&nbsp; Viva y sola. Sola, viva y libre. Ahora solo tenía que cuidar de mi pequeño y de mi.</p>



<p>Respiré hondo a la vez que el sol bañaba mi cara. Volví a sentirme reconfortante, igual que en la ducha, y pensé que tenía que encontrar mi lugar. Pero algo me decía que mi lugar no era aquel. Necesitaba saber quién era yo en ese preciso momento y empecé a preguntarme qué era lo que más me gustaba. Esa pregunta ya me la habían hecho unas noches antes mis amigos ¿qué quieres hacer? ¿Qué te gusta? A veces es una pregunta muy difícil de contestar cuando sientes que toda la responsabilidad de la respuesta que des, recae sólo en ti. Tú contestas y tú decides lo que vas a hacer, lo que vas a ser. Sin contar con nadie más, sin preguntar a nadie el típico &nbsp;– ¿a ti que te parece?– o –¿Hago bien haciendo esto o lo otro?–.</p>



<p>Estaba tan acostumbrada a estar acompañada que ahora la libertad me parecía algo irreal.</p>



<p>Después de pasar un rato bajo el cálido sol decidí volver a mi nuevo piso. Era pequeño, recogidito, como se suele decir, pero a mi me encantaba. Por primera vez después de mucho, me sentí segura, pues allí no vivía nadie que pudiera herirme, que pudiera envolver mi vida en una falsa burbuja de felicidad y vida perfecta. No había nadie que me vendiera sueños cuando en realidad eran pesadillas de mentiras y falsedades. &nbsp;En mi pisito, ahora, todo era claridad, verdad, esperanza por un futuro aún incierto, pero real. Y a pesar de todo, comencé a llorar, pues la soledad empezó a invadirme por dentro. Empezó con un pequeño agujero que se formaba justo en el centro de mi pecho. Lo podía visualizar en mi mente. Se iba transformando en un hueco creciente; podía verlo, podía incluso sentirlo. Cuánto más lloraba, más y más se agrandaba. Pensé, por un momento que podría engullirme a mi misma. Un “yo” absorbido por otro “yo” vacío, negro. Me miré al espejo y no me conocía. ¿Qué había pasado conmigo? ¿Dónde estaba mi inocencia? ¿Dónde estaba mi alegría de vivir? ¿Y mi risa?. La imagen que reflejaba el espejo era patética&#8230; pero en ese hueco inmenso, en esa oscuridad cósmica, de repente pude ver una luz brillar. Era muy pequeña, igual que una estrella que parpadea a años luz de nosotros, apenas perceptible. Y comprendí en ese preciso momento que tenía que aferrarme a ella, a su luz. De una forma inconsciente sabía que esa estrella era él, mi pequeño. Y me dije mirándome al espejo – Ya no hay nada más que esta oscuridad ¿que te parece si ahora intentas llegar a ese punto luminoso?– Así que de una forma casi automática me dirigí hacia la cocina, me preparé una taza de café con leche y bebí sin prisa, notando como el calor bajaba por mi garganta y agradeciendo que a pesar de todo el esfuerzo y de todos el llanto derramado, lo tenía a él, mi gran tesoro, mi pequeña estrella brillante.</p>



<p>Días después todo cambió. No fue fácil pero pude llegar a mi estrella; me aferré tanto a ella que su parpadeo se convirtió en el mío, haciéndome tantas cosquillas en mi alma que la risa volvió de forma automática. Ahora ya sabía lo que era estar en un espacio negro y vacío, sola con mi soledad, así que ¿a qué podía temer ya? Y todos los manjares del mundo volvieron a mí, con sabor a esperanza.</p>


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<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="742" height="1024" src="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-742x1024.jpg" alt="" class="wp-image-5602" srcset="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-742x1024.jpg 742w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-217x300.jpg 217w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-768x1061.jpg 768w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-1112x1536.jpg 1112w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-1483x2048.jpg 1483w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-600x829.jpg 600w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/12/Con_Sabor_A_Esperanza-scaled.jpg 1854w" sizes="auto, (max-width: 742px) 100vw, 742px" /></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Tardes de Otoño</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Nov 2020 09:35:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[micro relatos]]></category>
		<category><![CDATA[relato de otoño]]></category>
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					<description><![CDATA[Escrito por Josefinailu Recuerdo las tardes de otoño de antaño; humeantes calles repletas de gente de lana, guantes y paño. Los andares acelerados para llegar &#8230; ]]></description>
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<p><strong>Escrito por Josefinailu</strong></p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p class="has-text-align-left">Recuerdo las tardes de otoño de antaño; humeantes calles repletas de gente de lana, guantes y paño.</p>



<p>Los andares acelerados para llegar a su destino lo más rápido posible, para después cobijarse del frío en su cálida morada. En las esquinas, no todas, no faltaban los puestos de castañas asadas. Con ese olor delicioso que tanto me gustaba.</p>



<p>Cerraba los ojos y absorbía ese aroma cálido. Después, me volvía a subir la bufanda por encima de mi nariz con la esperanza de que ese olor permaneciera allí durante un rato más.</p>



<p>Recuerdo el ajetreo de una pequeña ciudad, aún así ciudad y en consecuencia gris y algo caótica. Bien conocida y mil veces andada en todas direcciones y con múltiples compañías.</p>



<p>Y es que siempre me gustó el otoño por ese ambiente frío pero soportable. Pero ahora, con el pasar de los años, se ha convertido más bien en un tiempo para los recuerdos. Un tiempo de añoranzas, en el que vuelvo a revivir escenas divertidas con mis amigos de la infancia, pero también pérdidas dolorosas, aún demasiado… y presiento que así será por siempre.</p>



<p>Recuerdo paseos entre el verdor de los bosques de mis amados paisajes, tales como el Montseny, dónde iba a recoger grandes y jugosas castañas con mis padres. Perdiéndome en ocasiones por mundos imaginarios en los que me encontraba con hadas del bosque y otros seres que en mis fantasías del hoy, aún viven. ¡Deseé tantas veces que fueran reales! por aquello de vivir algo realmente increíble.</p>



<p>Junto a mis padres viví momentos deliciosos, rodeada casi siempre de naturaleza allí dónde íbamos, envuelta de otoños de anoraks y botas, buscando setas en rincones recónditos de parajes del Berguedà, de los que ahora solo ellos sabrán el nombre pues <em>“el lugar en el que encontramos las setas es un secreto que no se comparte”.</em></p>



<p>Y vuelvo a andar en mis recuerdos campo a través con ellos, conmigo y con mis sueños de niña. Mirando más hacia las copas de los árboles y sus troncos, pues es conocido que las casitas de hadas se encuentran ahí precisamente, que debajo de los pinares. Aún así, alguna seta encontraba también.</p>



<p>Recuerdos de otoño que en el otoño primaveral de hoy rememoro con mis hijos, no solo por compartir con ellos, sino también para alimentar mi alma y llenar algunas tardes soleadas grises, con el cálido olor a castaña.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/11/Montseny-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4451" srcset="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/11/Montseny-683x1024.jpg 683w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/11/Montseny-200x300.jpg 200w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/11/Montseny-768x1152.jpg 768w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/11/Montseny-1024x1536.jpg 1024w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/11/Montseny-1365x2048.jpg 1365w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/11/Montseny-600x900.jpg 600w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/11/Montseny-scaled.jpg 1707w" sizes="auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure></div>
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		<title>Sueños y Realidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Sep 2020 10:29:45 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[escritura]]></category>
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		<category><![CDATA[relato onírico]]></category>
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					<description><![CDATA[Micro Relato por Josefinailu María le explicaba a su psicoanalista siempre el mismo mal sueño recurrente. Se había acostumbrado irremediablemente a depender de esas sesiones &#8230; ]]></description>
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<hr class="wp-block-separator"/>



<h5 class="wp-block-heading">Micro Relato por Josefinailu</h5>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p class="has-text-align-left">María le explicaba a su psicoanalista siempre el mismo mal sueño recurrente. Se había acostumbrado irremediablemente a depender de esas sesiones que, siendo al principio impuestas por su médico de cabecera, se habían convertido en imprescindibles para lidiar con sus temores.</p>



<p>En su sueño no podía dejar de andar de un lado para otro, sin hacer nada realmente, pues al llegar a sus diminutos destinos ya se había olvidado de lo que tenía que hacer o para qué había llegado hasta allí. Volvía a su punto de partida para después emprender de nuevo otro camino, ya fuera, acercarse a la cocina o ir al baño simplemente, para darse cuenta otra vez más de que estaba perdida y sin saber qué tenía que hacer. Era un sueño realmente angustioso.</p>



<p>Su psicoanalista, un hombre serio, prácticamente sin ninguna expresión en su cara que denotara su estado de ánimo, se limitaba a tomar apuntes y a mirarla de vez en cuando con ojos penetrantes. María, cuando conectaba con su mirada intentaba descifrar durante un segundo quién era ese hombre, para inmediatamente, volver la atención hacia sí misma. En esos miles de pequeños segundos jamás pudo adivinar quién había detrás de esos ojos, pero era algo que había ya dejado de importarle.</p>



<p>En esas sesiones siempre llegaban a la misma conclusión. El sueño era el subconsciente de María, pidiéndole a gritos que buscara un sentido a su vida. Algo que la llenara, algo que le gustara realmente y que la hiciera sentir plena, cualquier cosa que le hiciera buscar su cometido en la vida &#8211; ¿Pero qué pasa si yo no creo en la idea de que todos tenemos un cometido? – Le preguntaba María a su psicoanalista. Así que volvían al mismo punto de siempre, al principio. María se levantaba del diván, un mueble viejo y algo raído pero ciertamente cómodo. Se acercaba a una estantería pero, al quedarse mirando los diferentes objetos que allí reposaban, se volvía a preguntar -¿Pero porqué he venido hasta aquí? Jamás me ha interesado nada de lo que aquí hay.</p>



<p>Volvía a tumbarse en el diván y en ese preciso momento se despertaba. Todo había sido un sueño… Otra vez ese sueño recurrente en el que iba al psicoanalista por no sé que problema de malos sueños que siempre se repiten.</p>



<p>Se levantó de la cama para dirigirse directamente a la cocina. &#8211; ¿Qué hago en la cocina? ¿Para qué he venido?&nbsp;</p>



<p>Así que volvía a su habitación para luego dirigirse al comedor y volverse a preguntar &#8211; ¿Qué hago en el salón? ¿cuál es el sentido de mi vida?</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="724" src="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-1024x724.jpg" alt="" class="wp-image-2610" srcset="https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-1024x724.jpg 1024w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-300x212.jpg 300w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-768x543.jpg 768w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-1140x806.jpg 1140w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad-600x424.jpg 600w, https://www.josefinailustracion.com/wp-content/uploads/2020/09/Sueños-y-realidad.jpg 1500w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>Por una Juventud sin Bullying&#8230;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josefina]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2020 11:03:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Bullying]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Luchar contra el bullying]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace varios años, en el momento en el que comencé a escribir en este blog (y de nuevo he de reconocer que no soy muy &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Hace varios años, en el momento en el que comencé a escribir en este blog (y de nuevo he de reconocer que no soy muy constante), lo hice hablando sobre la infancia; ese mundo en el que a simple vista lo vemos maravilloso, lleno de imaginación y horas repletas de juegos, pero que en muchos casos no es ni una etapa tan sencilla ni tan dulce. Supongo que depende de la experiencia de cada uno, claro está. Y personalmente no puedo decir que tuve una infancia mala pues en mi hogar no faltó nunca lo más necesario, que es el amor y la comprensión. Pero si que diré que mi experiencia en el colegio tuvo momentos de claro-oscuro. Otra cosa fue mi etapa de instituto&#8230; aquellos años fueron felices y llenos de música, literalmente y también de esa que te invade el corazón.</p>



<p>Y os cuento todo esto, a veces me voy por las ramas,<em> </em>porque fue entonces que comencé también a escribir una historia sobre esas vivencias complicadas y muy difíciles que viven algunos niños y niñas o adolescentes, en total silencio, sin el apoyo de alguien que pueda aconsejarles y pueda incluso convencerles de que ellos no son el problema. Que su aspecto físico o cualquier otra razón que promueve la excusa de los insultos y vejaciones jamás serán el problema.</p>



<p>Pero la presentación de mi Novela sobre el Bullying coincidió de manera desafortunada con la aparición del temido y tedioso Covid-19. La ilusión de que mi libro llegara a las manos que pudieran necesitar una historia que apoyara su otra historia, que le acompañara en la soledad de esa experiencia para darle fuerzas y salir de esa situación, se rompió. Simplemente deseaba que mi nueva novela llegara a unas manos que pudiera ver la sensibilidad que puede esconder alguien que sufre esa experiencia, acercarnos más a una realidad que no sé aún porqué muchos centros escolares insisten en esconder en vez de plantarles cara, como suele decirse, con agallas.</p>



<p>Así que desde aquí, desde mi humilde y poco visitado blog, os presento mi Novela <strong><em>“El Final del Paréntesis, por una juventud sin bullying»</em></strong>. Es una novela fácil de leer , o al menos los que ya lo han hecho me han dicho que es así y por qué no decirlo, estoy algo cansada de ser humilde con mi trabajo, una lectura que debiera de leer muchísima gente. Va dirigida sobretodo a los jóvenes, pero como no, esos jóvenes tienen padres&#8230; Y algún padre/madre ya me ha dicho que hacía tiempo que un libro no le llegaba al corazón tanto como éste. Y quiero aprovechar para dar las gracias por esos <em>feedback</em> de algunos de mis lectores.</p>



<p>He intentado llegar a los medios para tener algo de apoyo en su difusión, alguien que pudiera apostar por un escritor novel y no ir a lo seguro (las Novelas de las grandes Editoriales ya se sabe que tienen el camino allanado). En fin, alguien que simplemente se tome la molestia de leerla y opinar en su blog, en su columna de novedades o un sencillo boca a boca&#8230; Así que ahí lo dejo. Disculpadme pero la vida me está ensañando a ser directa, a pedir las cosas tal y como las siento y las necesito.</p>



<p>Así que si os animáis y queréis leerla, además de compartir vuestra opinión sobre ella conmigo (cosa que me encanta y me ayuda a mejorar), ahora es el momento adecuado pues recordad que se acercan días de verano, ideales para sumergirse en un buen libro.</p>



<div class="wp-block-buttons is-layout-flex wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://www.amazon.es/El-Final-del-Par%C3%A9ntesis-EDICI%C3%93N/dp/B0B5KV7CWR/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&amp;crid=NCMNH8FIO74C&amp;dib=eyJ2IjoiMSJ9.4pTcp0TBfBsixQQ1Yf3K58uvSAGvSPRGwPEhBUTbBD0Q20S_DTfAnxWn_7fCjAmj._KPuqzSa3TMmcof9WoprtuV2iueEw3u3L7eUSirIf_w&amp;dib_tag=se&amp;keywords=EL+FINAL+DEL+PARENTESIS&amp;qid=1747917362&amp;sprefix=el+final+del+parentesis%2Caps%2C103&amp;sr=8-1">COMPRAR: <em>«El Final del Paréntesis, Por una juventud sin bullying»</em></a></div>
</div>



<p>Y termino con una frase que dijo Will Smith en alguna ocasión y la cual queda reflejada al comienzo de mi novela:</p>



<p><em><strong> “Deja que tu sonrisa cambie el mundo. No dejes que el mundo cambie tu sonrisa”.</strong></em></p>
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