Sueños y Realidad

septiembre 17, 2020 0 Por josefina

Micro Relato por Josefinailu

María le explicaba a su psicoanalista siempre el mismo mal sueño recurrente. Se había acostumbrado irremediablemente a depender de esas sesiones que, siendo al principio impuestas por su médico de cabecera, se habían convertido en imprescindibles para lidiar con sus temores.

En su sueño no podía dejar de andar de un lado para otro, sin hacer nada realmente, pues al llegar a sus diminutos destinos ya se había olvidado de lo que tenía que hacer o para qué había llegado hasta allí. Volvía a su punto de partida para después emprender de nuevo otro camino, ya fuera, acercarse a la cocina o ir al baño simplemente, para darse cuenta otra vez más de que estaba perdida y sin saber qué tenía que hacer. Era un sueño realmente angustioso.

Su psicoanalista, un hombre serio, prácticamente sin ninguna expresión en su cara que denotara su estado de ánimo, se limitaba a tomar apuntes y a mirarla de vez en cuando con ojos penetrantes. María, cuando conectaba con su mirada intentaba descifrar durante un segundo quién era ese hombre, para inmediatamente, volver la atención hacia sí misma. En esos miles de pequeños segundos jamás pudo adivinar quién había detrás de esos ojos, pero era algo que había ya dejado de importarle.

En esas sesiones siempre llegaban a la misma conclusión. El sueño era el subconsciente de María, pidiéndole a gritos que buscara un sentido a su vida. Algo que la llenara, algo que le gustara realmente y que la hiciera sentir plena, cualquier cosa que le hiciera buscar su cometido en la vida – ¿Pero qué pasa si yo no creo en la idea de que todos tenemos un cometido? – Le preguntaba María a su psicoanalista. Así que volvían al mismo punto de siempre, al principio. María se levantaba del diván, un mueble viejo y algo raído pero ciertamente cómodo. Se acercaba a una estantería pero, al quedarse mirando los diferentes objetos que allí reposaban, se volvía a preguntar -¿Pero porqué he venido hasta aquí? Jamás me ha interesado nada de lo que aquí hay.

Volvía a tumbarse en el diván y en ese preciso momento se despertaba. Todo había sido un sueño… Otra vez ese sueño recurrente en el que iba al psicoanalista por no sé que problema de malos sueños que siempre se repiten.

Se levantó de la cama para dirigirse directamente a la cocina. – ¿Qué hago en la cocina? ¿Para qué he venido? 

Así que volvía a su habitación para luego dirigirse al comedor y volverse a preguntar – ¿Qué hago en el salón? ¿cuál es el sentido de mi vida?